El mundo contemporáneo confirma muchas de las intuiciones de los grandes pensadores sociales: el poder no desaparece, se reorganiza. A continuación, analizamos tres ámbitos clave —Big Tech, guerras y finanzas globales— desde una perspectiva estructural, histórica y crítica.
1. Big Tech: capital, conocimiento y control social
Marco conceptual
Marx: concentración del capital y apropiación del excedente.
Foucault: poder disciplinario y biopolítico.
Shoshana Zuboff: capitalismo de la vigilancia.
Gramsci: hegemonía cultural.
Análisis
Las grandes tecnológicas (Google, Apple, Amazon, Meta, Microsoft) representan una nueva fase del capitalismo. No controlan solo medios de producción materiales, sino infraestructuras cognitivas: información, atención, datos y algoritmos.
Desde una lectura marxista, el dato es el nuevo “recurso natural” explotado sin una compensación real al productor (el usuario). Foucault ayuda a entender el mecanismo: no se trata de represión, sino de modulación del comportamiento. Algoritmos que predicen, inducen y optimizan conductas de consumo, voto o interacción social.
Gramsci resulta clave: Big Tech ejerce hegemonía cultural al definir qué es visible, relevante o legítimo. La censura ya no es explícita; es algorítmica. Además, su relación simbiótica con el Estado estadounidense refuerza la hegemonía global de EE. UU., pues estas plataformas operan como extensiones informales de su poder blando.
2. Guerras contemporáneas: geopolítica, capital y narrativa
Marco conceptual
Clausewitz: la guerra como continuación de la política.
Wallerstein: sistema-mundo y competencia entre centros.
David Harvey: acumulación por desposesión.
Carl Schmitt: amigo/enemigo y estado de excepción.
Análisis
Las guerras actuales rara vez se explican solo por ideología. Ucrania, Oriente Medio o el Indo-Pacífico revelan conflictos por rutas energéticas, control tecnológico, seguridad financiera y posición sistémica.
Desde Wallerstein, estas guerras reflejan tensiones en un sistema-mundo en transición hacia la multipolaridad. Estados Unidos ya no es un hegemón incuestionable, y responde mediante alianzas militares, sanciones económicas y control del sistema financiero global.
Harvey ayuda a ver la lógica económica: la destrucción abre espacios para reconstrucción, endeudamiento y privatización. La guerra genera ganadores claros: industria armamentística, reconstrucción, energía y finanzas.
Schmitt y Foucault se cruzan aquí: la narrativa de seguridad permite suspender derechos, justificar vigilancia masiva y reforzar el poder del Estado y de las corporaciones tecnológicas asociadas al complejo militar-digital.
3. Finanzas globales: el poder invisible
Marco conceptual
Marx: capital financiero y fetichismo.
Weber: racionalidad instrumental.
Susan Strange: poder estructural.
Bauman: poder sin responsabilidad.
Análisis
Las finanzas globales son quizá la forma más abstracta y poderosa de dominación. Fondos como BlackRock, Vanguard o State Street no gobiernan países, pero influyen decisivamente en políticas públicas, mercados laborales y modelos productivos.
Susan Strange define esto como poder estructural: la capacidad de decidir las reglas del juego. El dólar, las agencias de rating, los flujos de capital y la deuda soberana condicionan la soberanía real de los Estados.
Weber lo explicaría como una jaula de hierro: decisiones aparentemente técnicas esconden elecciones políticas. Bauman añade un elemento crucial: el capital es global, pero la responsabilidad es local. Cuando hay crisis, los costes se socializan; los beneficios permanecen privados.
Estados Unidos mantiene aquí una ventaja estratégica clave: el dólar y Wall Street siguen siendo el corazón del sistema financiero mundial, lo que permite sanciones, presión y control sin necesidad de intervención militar directa.
Conclusión: un poder concentrado, difuso y normalizado
Big Tech, las guerras contemporáneas y las finanzas globales no son fenómenos separados. Forman un ecosistema de poder donde:
El capital se concentra.
El control se vuelve tecnológico.
La coerción se legitima mediante narrativas de seguridad y progreso.
Estados Unidos actúa como eje central, aunque cada vez más cuestionado.
Como anticipó Foucault, el poder moderno no se impone solo desde arriba: se interioriza. Y como advertía Gramsci, la batalla decisiva no es solo económica o militar, sino cultural.
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