Fábula sobre la realidad y lo que está pasando en el mundo
En el centro del mundo conocido se alzaba un Gigante. No era alto solo por su estatura, sino por la sombra que proyectaba. Su sombra cubría ríos, puertos y graneros. Donde pisaba, el suelo se volvía mercado; donde hablaba, el aire se llenaba de contratos. Decía proteger el bosque, pero contaba las hojas como tributo y medía los troncos como fronteras.
Los pequeños del bosque eran muchos y distintos. Había Ciervos ágiles que comerciaban con frutos, Tortugas pacientes que guardaban saberes antiguos, Aves que dominaban los vientos y Topos que conocían los túneles del subsuelo. Cada uno tenía algo que el Gigante deseaba. Energía del sol atrapada en piedras, agua que nacía en montañas, rutas que unían mares. El Gigante no siempre golpeaba. A veces prometía. Otras veces cercaba. Si no bastaba, rugía y hacía temblar los árboles.
Así comenzó la historia política. El Gigante invitaba a mesas largas donde repartía asientos desiguales. Decía que el nuevo orden traería prosperidad, pero exigía obediencia. Quien se sentaba ganaba acceso al mercado de la sombra. Quien dudaba sentía el peso del silencio. En ese juego, algunos pequeños prosperaron rápido, otros quedaron atados por deudas, y muchos aprendieron que la prosperidad sin autonomía es un hilo frágil.
Luego vino la historia económica. El Gigante afinó balanzas y reglas. Cambió precios con el viento, cerró rutas con un gesto, abrió graneros cuando convenía a su calendario. Los pequeños comenzaron a especializarse de más. Uno solo cultivaba trigo. Otro solo forjaba hierro. Otro solo transportaba mensajes. El bosque se volvió eficiente y vulnerable a la vez.
Finalmente llegó la historia bélica. No siempre hubo guerra abierta. A veces fue una escaramuza en la frontera del río. Otras, una demostración de fuerza en el cielo. El Gigante llamaba a eso estabilidad. Los pequeños lo llamaban miedo. Cada golpe aislado reforzaba la idea de que resistir solo era imprudente.
En una noche sin luna, los pequeños se reunieron alrededor de un viejo Árbol de Decisiones. Sus raíces eran mapas y sus ramas, caminos. El Árbol no hablaba, pero al tocarlo, cada criatura vio caminos que se bifurcaban.
Primer sendero. Continuar como hasta ahora.
Cada pequeño negocia solo. El Gigante sigue ofreciendo protección a cambio de concesiones. A corto plazo hay calma y ganancias selectivas. A largo plazo, la dependencia crece. La sombra se vuelve ley. La guerra es intermitente y asimétrica. El bosque existe, pero no decide.
Segundo sendero. Resistencia fragmentada.
Algunos pequeños se niegan. Otros cooperan. El Gigante divide, premia y castiga. La economía del bosque se vuelve errática. Surgen conflictos entre pequeños. El Gigante justifica intervenciones para restaurar el orden. El costo humano y material aumenta. La moral se agota.
Tercer sendero. Unión defensiva.
Los pequeños crean reglas comunes. Comparten reservas, rutas y saberes. No buscan imitar al Gigante, sino equilibrarlo. La economía se diversifica. La disuasión reduce la tentación de golpes. El Gigante protesta y presiona, pero calcula mejor. La guerra se vuelve menos probable, aunque la tensión persiste.
Cuarto sendero. Unión estratégica e innovadora.
Además de unirse, los pequeños invierten en nuevas formas de energía, comunicación y cooperación. Reducen cuellos de botella. Construyen instituciones que resuelven disputas. El Gigante pierde capacidad de amedrentar sin aislarse. El bosque gana voz global. El riesgo es la lentitud y las diferencias internas, pero el horizonte es estable.
Quinto sendero. Acuerdo transformador.
Los pequeños, unidos, proponen un pacto al Gigante con límites claros y beneficios mutuos verificables. Hay vigilancia, cláusulas y salidas. Si el Gigante acepta, la sombra se acorta y el bosque florece. Si no, el costo de la ruptura recae en quien la provoque. Este sendero exige confianza vigilante.
Al amanecer, los pequeños comprendieron la moraleja. El tamaño del Gigante no era destino. El miedo aislado lo alimentaba. La cooperación consciente lo contenía. Y el Árbol de Decisiones, silencioso, recordó al bosque que cada paso crea el siguiente. En la fábula del poder, elegir juntos no garantiza victoria, pero elegir solos casi siempre garantiza la sombra.
Analizando esta fábula, ¿Cuál sería su opinión sobre el parecido con lo que actualmente ocurre en el mundo?
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